Hace muchos años armé aquí en WordPress un pequeño lugar en el mundo llamado «Palabra lateral». Allí, bajo un techo improvisado de palabras, instalé los muebles de un reciente desamparo. Porque no es grata la intemperie, aunque la mayor parte del tiempo se nos viene encima sin avisar.
Con el tiempo las publicaciones se fueron espaciando y languideció mi palabra lateral hasta que desapareció. Estaba ocupado en tareas y trajines que pagaban las cuentas, si bien no llegaban a colmar el anhelo de decir.
Hoy, de nuevo al descampado, vengo a rearmar este lugar en el mundo bajo el poco imaginativo nombre de «Las hojas de Parra». Es posible que se convierta en la bitácora de este primer día del segundo episodio de mi vejez.
Alejado de familia y país, devenido bisabuelo distante, desempleado de nuevo, esta vez a los 67 años, presiento que voy a poder desligarme de la palabra con compromiso. Que sea éste el estrado donde pronuncie mis cuestiones fundamentales de una vez por todas.
Hoy, de nuevo al descampado, vengo a rearmar este lugar en el mundo bajo un poco imaginativo nombre: «Las Hojas de Parra»
Semejante declaración, por supuesto, no debe alentar la esperanza de encontrar aquí gran cosa. Con los años, uno se pone como los gatos viejos: economía de movimientos, lugares tranquilos donde descansar y pequeños placeres culpables.
Lo que quiero decir, tal vez, es que no tendré que estar pensando en una audiencia que visita lugares para encontrar alusiones al Gran Libro o reflexiones versiculares.
Así que aquí, con ustedes, estas Hojas de Parra. Veamos qué resulta de todo esto.
