Registros de hace una década

Temblores del frío de la montaña que transporta el viento de la tarde. Escalofríos que corresponden a la temperatura ambiente. La cálida caricia del licor que conjura el pasajero tormento de la baja sensación térmica. Leños que arden en el hogar para entibiar la atmósfera del encierro forzado en la sala.

Intentos reiterados que buscan la palabra que inicie el proceso creativo. Idas y vueltas por el pasillo hasta hallar la idea matriz. Tropiezos con el conocimiento adquirido en la travesía hacia la originalidad. Antiguas batallas de la mente con la sólida estructura de los parámetros. Búsqueda de indicios y señales nuevas que marquen la dirección hacia la que marchar.

Sensaciones antiguas, memorias persistentes, recuerdos que moran en la bodega del ser. Registros de episodios pasados que son responsables de las emociones presentes. Anaqueles repletos de archivos que uno supone explicarían los alcances de la existencia y la verdad es que no hacen más que complicarla. Piedras filosofales en las que se tropieza una y otra vez hasta hallar esa que podría transformar todo. Viejos códices con los secretos de la alquimia de la vida escritos en el idioma de remotas regiones.

Discursos que en un tiempo fueron clases magistrales y que hoy se deslíen en la brutal química de la realidad. Intensas conspiraciones en tertulias clandestinas que buscaban transformar anquilosados constructos, hoy abandonados como inútiles juegos de abalorios.

Relatos de amores perdidos y recientes decepciones. Ensayos de nuevas vidas en habitaciones prestadas por algún tiempo. Discursos que en un tiempo fueron clases magistrales y que hoy se deslíen en la brutal química de la realidad. Intensas conspiraciones en tertulias clandestinas que buscaban transformar anquilosados constructos, hoy abandonados como inútiles juegos de abalorios. Miles de páginas escritas para iluminar territorios inmensos que hoy no servirían más que para encender el fuego de la salamandra. Monumentales desarmaderos donde se amontona la chatarra de grandes y estupendas ideas.

Promesas incumplidas. Palabras dadas que no arreglaron ninguna cosa. Amigas y amigos  perdidos para siempre. Reuniones a las que no se acude más. Conversaciones inútiles. Sueños inconclusos. Encuentros en el traspatio de la casa solariega para componer nuevos mundos que se rompían en el viento como pompas de jabón. Jornadas, simposios y seminarios sobre los urgentes asuntos del mundo que se quedaron en emotivas fotografías y carpetas perdidas en una de tantas mudanzas.

De todos estos registros tiene que salir algo para dejar cuando uno se vaya y la gente se pregunte: “Bueno, y este tipo… ¿qué?”

Publicado por Benjamin

Publicista, escritor. Pasajero de la luz, de la esperanza y a veces de algunas sombras...