Intermezzo

Entonces, después de transitar con uniforme por el territorio de la recta razón me fugo al país de Maricastaña, para regocijo de algunos y la impaciencia de otros.

Porque, como escribí una vez, siguiendo las palabras puestas en boca de una Quintrala legendaria, no quiero que nadie me tenga, como mi abuelo Ramón, eterno vagabundo hasta que le rompió el esqueleto y la memoria. De raíces ya tuve bastante y de derroteros predecibles más que suficiente.

Voy y vengo, entro y salgo, camino y me quedo quieto. Desarmo mis rutinas en secreto para que no me atrape el reflejo de mí mismo entre la cocina y el dormitorio. Regalo mi ropa y mis zapatos o sencillamente me olvido dónde los dejé.

Porque hay ciertas angustias que no se eligen,

hay estremecimientos sin origen discernible

aunque por ahí se intuye en el rigor del insomnio.

Así que, señoras y señores, hoy no serán habidas aquí reflexiones infinitesimales acerca de la inmortalidad del cangrejo y la cuadratura del círculo; sólo queda el retintín del grito en el desierto, la palabra sin destino y la ñata calavera. No hay por dónde agarrar estas pobres palabras para que parezcan algo coherente. Apenas siquiera lunar extraño en el concierto de solemnes elucubraciones diseñadas para elevar los espíritus hasta inconcebibles alturas.

La irónica textura del mensaje queda flotando en un limbo un poco triste y se diluye en el maremágnum de multitudinarias convocaciones, músicas oficiales y palabras políticamente correctas.

Así, hasta que de nuevo amanezca por el lado correcto de la tierra y regrese el pulso de las preocupaciones y la profecía ardiente, implacable, urgente. Porque hay ciertas angustias que no se eligen, hay estremecimientos sin origen discernible aunque por ahí se intuye en el rigor del insomnio.

Entonces, volverán las oscuras golondrinas a posarse sobre estos balcones apartados para ser contempladas por dos o tres anhelantes transeúntes que buscan otros sonidos, otras luces, otros pareceres, lejos de la chimuchina, de las algarabías de la nada y del rumor de ininteligibles jerigonzas.

Publicado por Benjamin

Publicista, escritor. Pasajero de la luz, de la esperanza y a veces de algunas sombras...