De viajes y palabras

Viajo en un bus a Santiago. Solía escribir mucho cuando viajaba en buses interprovinciales.

A veces salían poemas, o también prosa militante. Otras, preparaba una clase. O me ocupaba en organizar las tareas de mi agitada vida misionera.

El viaje

El viaje siempre me fascinó. Desde que subí por primera vez a un vagón de tercera clase en un tren con locomotora de vapor. Y cuando recorrí en carreta de bueyes las dos leguas a la casa de la tía Carolina. O aquella vez que subí por primera vez a un avión a Bolivia con solo un pasaje de ida.

El viaje es un interregno, un paréntesis entre una historia y una esperanza. Como anota Alan Watts, “una chispa de luz entre dos oscuridades” cuando las cosas no andan bien.

Las palabras

El viaje es un tiempo para leer, para pensar, para escribir. Nunca para dormir. Una vez volé desde Santiago a Londres y de ahí a Lusaka sin pegar un ojo.

¿Por qué me cuesta tanto hoy la poesía, la prosa sensible? Antes era una liberación abundante. Un alboroto de palabras que surgían sin rienda.

Hoy tengo que convocarla. Implorar su amparo, su abrazo tibio y sereno. Tengo que llamarla, salir a buscarla por bosques, páramos y desiertos. Otras veces, en medio del rumor de la ciudad, en Amelie.

Reflexiones tardías

Tal vez sea porque cuando era más joven tenía más esperanzas, era más loco y harto más irresponsable. Creía cosas que ahora descreo. No creía en cosas que ahora creo.

Mis ojos tenían más hambre de ver, la piel más ganas de sentir, la boca más deseos de probar.

Tenía más salud por cierto. Un cáncer me arrebató la mitad del colon y ya no resisto incólume los arrebatos de la comida y la bebida como ayer. Hoy, hasta un café en jarrito es materia de previa consideración.

También he visto muchas cosas. Algunas decepciones demoledoras. Cometí deslealtades algo meditadas y otras muy poco intencionadas.

Tal vez sea porque cuando era más joven tenía más esperanzas, era más loco y harto más irresponsable… Mis ojos tenían más hambre de ver, la piel más ganas de sentir, la boca más deseos de probar.

He visto asombrosas inconsistencias entre doctrina y realidad. Los espacios del amor y de la comunidad atropellados por misteriosas decisiones en las altas esferas.

Y a mayor abundamiento, desencuentros dolorosos con quienes me hallaba codo a codo.

¿La esperanza?

Y sin embargo, sé que la poesía está por ahí. Esperando el reencuentro. Deseando que salga a reunirme con ella. Preparando un desborde descomunal.

Y sin embargo, sé que queda mucho por ver, por sentir, por soñar y por lo cual reír.

Y sin embargo, a veces todavía se me ocurre que puede haber alguna postrera cuota de amor aguardando en algún sitio. Una última estación antes de cruzar la frontera. Por ahí, tal vez no…

Por ahí todavía creo que seré como los que sueñan. Que mi boca se llenará de risa.

Publicado por Benjamin

Publicista, escritor. Pasajero de la luz, de la esperanza y a veces de algunas sombras...

2 comentarios sobre “De viajes y palabras

  1. Mientras fluye la poesía o la prosa sensible me gusta leer lo que escribe me hace pensar y me inspira… gracias por escribir 🙂

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