Estamos llamados a hacer la historia, más bien que ser moldeados por ella. Demos muestra de imaginación creadora. El pasado vive en el presente. El presente lleva en sí el porvenir. ¿Cuál será el mundo de mañana? Lo que haga nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad
Editorial del primer número de la revista chilena «Mensaje», escrito por el Padre Alberto Hurtado s.j., su fundador, el 1 de octubre de 1951.
A primera vista nos impresiona el hecho de que estas palabras, escritas hace setenta años, tengan tanta vigencia en esta hora.
Es mi observación que mientras más omnipresentes son las tecnologías de información y comunicación, más a su merced vivimos.
«¿Cuál será el mundo de mañana?», preguntaba el Padre Hurtado hace setenta años. Ni por lejos ha sido lo que haya hecho nuestra fe, nuestra esperanza y mucho menos, nuestra caridad.
Memes, trolls, reels, tiktoks noticias falsas, hilos de odio (léase «hilos de conversación»), aparte de los medios masivos de comunicación, moldean – sí, moldean, por más que los expertos lo discutan – las mentes del mundo presente.
No me parece posible, en semejante atmósfera, dar muestras de «imaginación creadora», como anhela el escritor del editorial mencionado.
Todo lo que vemos no es más que la repetición hasta la náusea de millones de variaciones sobre el mismo tema: la falta de profundidad en la reflexión y la ignorancia atroz sobre lo que realmente nos pasa.
Así que, pese a las innegables muestras de «creatividad» que se pueden encontrar en la red, ésta no tiene un carácter transformador. Es, ni más ni menos, un enorme servicio a la uniformidad y a la mundialización de una sola forma de ver y entender la realidad.
No sé si somos tan conscientes de nuestro pasado. Tiendo a pensar que no, porque estamos repitiendo las mismas tonteras de hace milenios.
La agricultura, la escritura, el carbón, el vapor, la electricidad, el petróleo y ahora la revolución del conocimiento solo han provisto los instrumentos para multiplicar la locura de la guerra, el hambre, la opresión, la destrucción de la tierra y, sobre todo, la ignorancia.
«¿Cuál será el mundo de mañana?», preguntaba el Padre Alberto Hurtado hace setenta años. Ni por lejos ha sido lo que haya hecho nuestra fe, nuestra esperanza y mucho menos, nuestra caridad.
Una pena, don Alberto…
