Agenda apresurada

Reencontrar caminos antiguos, recuperar la memoria de lo esencial, abrir las puertas para que entre luz, rescatar la palabra, reconocer otras caras del amor, hacerle preguntas diferentes al arte, juntarnos sólo para estar juntos, rememorar los encuentros con la música, recordar el uso primitivo de las manos, mirarnos a los ojos, sanar un poco, llorar sin vergüenza, leer en grupo, comer sin prisa, reflexionar incidentalmente sobre los diversos sabores del café, tocarnos sin miedo, abrazarnos con ganas, reírnos de lo bueno, hacerle verónicas elegantes a las embestidas del dolor, hablar de lo que sentimos más que de lo que pensamos, acordarse cómo era vivir con ganas, apagar los teléfonos – ¡un rato por lo menos…! -, cerrar el periódico, abrir los diarios de vida, permitirnos tener secretos, no juzgar nada, aprender a jugar, ser niños por enésima vez, hablar en jerigonza, hacer globos con el chicle, jugar al corre el anillo por un portillo, aprender un idioma extranjero, dejar de sumar, aprender a multiplicar, dar tres saltos de conejo, dejar de dar tantas respuestas, volver a hacerse preguntas, escribir y leer poemas, limpiar la casa, preparar unos espaguetis con salsa boloñesa, dormir la siesta, abrigarnos el corazón, mirar fotografías viejas, alborotar las certezas, conspirar contra el miedo, jugar sudoku, escuchar la banda sonora de Blade Runner, volver a leer La Guerra y la Paz.

…llorar sin vergüenza, leer en grupo, comer sin prisa, reflexionar incidentalmente sobre los diversos sabores del café, tocarnos sin miedo, abrazarnos con ganas, reírnos de lo bueno, hacerle verónicas elegantes a las embestidas del dolor…

Sacar fotografías raras, desempolvar las alegrías, inventariar los recuerdos agradables, extrañar sin que duela, hacer un pacto de no agresión con el espejo, negociar una tregua con el cumpleaños, volver a dibujar y pintar, ordenar el ropero, apagar la luz, encender unas velas, comer chocolate con almendras, traer a casa una planta de lavanda, ver la película El Circo en versión original, recostar mi cabeza en el hombro de la luna, tomar un café en Les Deux Magots, quemar las naves cuantas veces sea necesario, deshojar unas margaritas, escribir un cuento para el Dante, mirar la luna llena con un telescopio, sonreírle al mes de noviembre, ir al cine con Paola, pasar una tarde entera en la Feria del Libro, atrapar el olor de las glicinas, averiguar qué son las mandrágoras, ser testigo de cargo en el juicio contra las culpas, reírse hasta las lágrimas, cambiar los cierres de la mochila, pedir urgente un remis porque la tristeza se retira, anotar ese número de teléfono, preparar las valijas y no olvidar cerrar la llave del gas…

Publicado por Benjamin

Publicista, escritor. Pasajero de la luz, de la esperanza y a veces de algunas sombras...