En el nombre del padre

(Apuntes de un pasado presente)

Tengo cinco años. Estoy con un grueso abrigo con cinturón. Mi padre me tiene en sus brazos. Me dicen que estaba convaleciente de una bronconeumonía fulminante que me tuvo al límite de la vida.

Estamos todos de pie, juntos, en un rincón del cerro Santa Lucía. Es una tarde de picnic. Algo inusual. Nuestro padre no tiene mucho tiempo para las caricias o los momentos filiales.

Padre presente, padre ausente, padre cariñoso, padre lejano, padre generoso, padre abusivo, padre violento, padre que abraza.

Llega con una bolsa donde hay una pelota de cuero flamante, camisetas, pantalones cortos, medias y zapatos de fútbol con “toperoles”. ¿Cuando, cómo tuvo tiempo para pensar en nosotros, tres mocosos la mayor de las veces intratables?

Es severo en los castigos. Demasiado a veces. Tiene historias misteriosas. Contradicciones, enojos eclesiásticos, mensajes vibrantes a la hora del culto.

Estas son las viñetas que se vienen inmediatamente cuando pienso en él. Podrían ser muchas otras, digamos.

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(El padre)

A su imagen y semejanza se disparan nuestras propias historias. Sus huellas repetidas en nosotros. Y cosas que nosotros inventamos, porque la genialidad, para bien o para mal, es original, nuestra, proverbial.

Padre presente, padre ausente, padre cariñoso, padre lejano, padre generoso, padre abusivo, padre violento, padre que abraza.

Versiones que nos otorga la vida. Historias comunes. Historias singulares. Relatos que no queremos contar. Historias que compartimos.

El padre no se elige. A veces eso es una fortuna. Otras…

Publicado por Benjamin

Publicista, escritor. Pasajero de la luz, de la esperanza y a veces de algunas sombras...