El minidrama de la página en blanco. La búsqueda relativamente urgente de una idea, una palabra clave. Tal vez un episodio mínimo, un gesto que pueda desatar el nudo de la palabra.
Conozco el sentimiento ése. La voz interior que busca camino. El sentimiento. El habla del alma que no se quiere sujetar al silencio.
Vivimos en el borde de la realidad. Nos abruma. Nos empuja contra lo incierto, contra la inseguridad de las cosas. Nos quiere obligar a que tomemos una decisión.
De a poco va surgiendo un murmullo. Allá, en el horizonte aparece un promontorio, una figura imprecisa que se acerca con una lentitud que nos impacienta.
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“No me pasa nada. Es que me gusta estar solo”. Así leo en uno de esos mensajes que te llegan todos los días. El dibujo muestra a un señor de mediana edad que está explicando eso a alguien que no aparece en la escena. Son esos mensajes que resumen, o que intentar resumirnos, la vida.
Me gusta estar solo, pero no todo el tiempo. Lo humano de mí me empuja hacia lo otro humano. El murmullo de las personas en el café, el rumor de la calle a media mañana, el rito de las cosas diarias con las personas amigas me otorgan las palabras y la compañía que alivia el peso de la propia mente.
La soledad en la que habito se remite al pequeño espacio de mi piso. Allí se estira, se despereza mi ser. Transita el leve espacio una y otra vez.
Vivo solo, pero no estoy solo. ¿Puede eso resumir lo que me pasa a mí esta mañana? “La moneda cayó por el lado de la soledad”, canta Andrés Calamaro en “Crímenes Perfectos”.
La soledad en la que habito se remite al pequeño espacio de mi piso. Allí se estira, se despereza mi ser. Transita el leve espacio una y otra vez. Acoge mi curiosidad, mi espera ante la página en blanco, hasta que se active el flujo de ideas que le darán vida una vez más a esta «hoja de Parra».
¿Por qué algunas personas no pueden vivir sin una pareja? No lo sé. Es decir, lo entiendo, pero no sé por qué no pueden elegir, porque es eso: elegir continuar solos o solas el camino.
“Quiero amanecer con alguien”, … es la frase de otra canción que a veces me pega. Hay mañanas en que me alcanza esa nostalgia. Pero siempre se me pasa, gracias a una taza de café descafeinado y unas tostadas con mermelada y mantequilla. También me ayuda el diario del domingo que leo durante la semana.
Otras veces, nada me ayuda. Pero ya no importa. Uno es animal de costumbres, al fin y al cabo.
(Escrito en Santiago del Estero, Argentina – Fotografía: izquierda: Magda Avendaño – derecha: David Parra Arias)

Aveces es necesaria la soledad hay ocasiones que extraño un momento a solas…😬
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Es un regalo disponer de la libertad para estar a solas cuando uno quiere…
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