Regreso a la luz de ayer a un tiempo sin pantallas ni teclados. Unas velas azules iluminan tenuemente este cuaderno secreto.
Busco la palabra perdida, conjuro a la poesía: “Ven, le digo, abrázame otra vez, invéntame huellas, senderos en la niebla. Desbroza delante de mí el artificio de la ciudad.”
Quiero ver el campo, quiero ver la luz de la tarde. Anhelo el sonido del viento, el rumor del lago, la neblina matutina de los cerros salvajes.
Quiero encontrar el lugar donde toma la siesta la inspiración. Quiero despertarla suavemente, que no se sobresalte.
Voy a sentarme a su lado a contarle lo que hay en mí, cosas que sólo a ella le interesarán…
(Fotografía: Matej Novosad – Pexels)

Que lindo poema de la vida que se a perdido esos tiempos quitos que se necesitan para seguir viviendo lo que Dios nos a dado la naturaleza que vienen incluidos diferentes sólidos en la vida natural, hoy hay otros sonidos más molestos que otros pero la vida a cambiado, gracias mi hno Dios te dé un buen día bendecido
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