Buganvillas

A veces pasamos frente a personas, situaciones, lugares, impresiones que no comprendemos en el momento; cuando el tiempo se presenta para reconocernos como antiguos pasantes de su escritorio, recién nos damos cuenta que fueron maravillosos y que no fuimos capaces de bebernos hasta la última gota del cáliz que se ofrecía abundante, completo, incondicional.

Tenía que llegar esta edad inclinada para volver la mirada atrás, suspirar como el tío Carlos y susurrarnos en la soledad: “Tiempos que nunca volverán…” 

La letra disciplinar, el tinglado institucional y los dictámenes de los señores le arrebataron al reino de la vida esos instantes. Fueron puestos en fila, tatuados con la imagen del deshonor y empobrecidos. Fueron desterrados a los gulags del olvido y durmió sobre ellos una noche eterna.

Alguna conversación nocturna se adentró en el territorio de Nunca Jamás y revoloteó sobre esas memorias. Los viejos estandartes despertaron. Las antiguas miradas, los olores de la vida, la textura de los cuerpos, los lugares mágicos que pisamos con la planta desnuda retornaron al reino.

La vida – ¡inefable verdad! – era más que la comida y el cuerpo que el vestido. Los números, los resultados, las matemáticas debieron retroceder, entregar los territorios usurpados y volver a sus naturales fronteras.

Reconozco lo imposible de explicar lo que me pasa por dentro. El universo no puede ser contenido en cuatrocientas palabras.

Alguien dijo una vez que el poeta nada explica pero que muchas cosas son comprendidas en sus versos. Hay que inventar un lenguaje paralelo que, usando los mismos fonemas del lenguaje predominante, nos describa el arte de las cosas, la pasión, la libertad, el orden superior de la imaginación desbordada.

Una vez le ofrecí a Dios:

Te entrego mi prosa como una ofrenda cotidiana, para que armes con ella esperanzas, para que tejas sueños y realidades, para que juegues con ellas rondas verdaderas, para que fabriques paños que enjuguen lágrimas, para que edifiques casas eternas en que habitar, para que extiendas puentes que acerquen a la gente, para que amases panes que mitiguen las hambres, para que hagas brotar aguas que mitiguen las sedes…

Luego escribí este fragmento de un himno al retorno:

Buganvilla, buganvilla, ¿eres primavera que sangra o sólo risa loca de noviembre que se ahoga en un mar de púrpuras mariposas?

Publicado por Benjamin

Publicista, escritor. Pasajero de la luz, de la esperanza y a veces de algunas sombras...

Un comentario en “Buganvillas

  1. Interesante pensar y poema que aún no puedo comprender leí dos veces pero creo que comprendí una poesía difícil de entender creo le vendría bien un lenguaje paralelo para lograr entender, gracias Benjamin

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