Vino la lluvia

Vino la lluvia…

No tengo memoria de la primera lluvia. Seguramente atravesó el espacio de luz de mi ventana cuando aun no entendía las palabras ni los arcanos del tiempo.

Tal vez mi más remoto recuerdo sea el sonido apagado, persistente, monótono del agua. Su melodía serena, su rumor extendido de gotas transparentes.

La lluvia y su ropaje indefectiblemente gris. Aunque a veces, se prodiga entre promisorios rayos de sol y nubes que abren agujeros azules en la tarde.

Hoy, me acompaña necesariamente con una nota en tono menor. Mi cuerpo, débil por estos días, requiere del repliegue de los huesos y de la mente.

Guardo silencio. Quiero escuchar su susurro constante. Me ampara su abrazo que, sin embargo, no me toca.

No sé qué tiene la lluvia. Tal vez sea que nos recuerda nuestra pequeñez frente al discurso de los elementos, a la grandiosidad del cielo, que miramos una y otra vez para saber si se va a quedar o si será apenas una ráfaga transeúnte.

Nos fuerza a menguar los movimientos. Limita, reduce nuestros espacios. Nos obliga a estar más juntos.

Cuando se va, busco ese olor que deja en la tierra, en los árboles, en el aire. Y, secretamente, espero que vuelva. Estos meses son su tiempo, su territorio, su temporada.

Publicado por Benjamin

Publicista, escritor. Pasajero de la luz, de la esperanza y a veces de algunas sombras...

2 comentarios sobre “Vino la lluvia

  1. Es linda la lluvia me gusta cuando hay agua pero en equilibrio si no nos ahogamos, es romántica y a veces triste pero si sirve esta agua bendita, Dios bendiga tu saludo amigo Benjamin

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  2. Probablemente nací en un día de mucha lluvia en Julio del 68 y este año me antepuse a ella preparando la leña, porque en el sur del mundo se hace presente tanto en su furia como en su encanto, pero es bienvenida,porque riega todos mis parajes lacustres!!

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