Palabra escrita

Seres amándose, culturas en conflicto, esperanzas demenciales, absolutas desesperaciones, seres que nunca hicieron las decisiones convenientes y otros que acertaron y ganaron, asesinatos, sentimientos profundos y bondades asombrosas, vivencias inusitadas y caricias interminables.

Eso y más he encontrado en los libros. Hasta ahora he seguido ese camino. La lectura me propone entrar en la mente de otras personas, comparar sus decisiones con las mías, dialogar en silencio con protagonistas del dolor y la esperanza.

Los libros amplían la mirada, enseñan incluso mucho después de la sala de clases. Confrontan, provocan, enojan, impacientan, destrozan convicciones y proponen nuevas ideas.

… necesitamos libros que nos afecten como un desastre, que nos duelan profundamente como la muerte de alguien que quisimos más que a nosotros mismos, como estar desterrados en los bosques más remotos, como un suicidio. Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros. Eso es lo que creo.

Franz Kafka, Carta a su amigo Oskar Pollak, 1907

Una de las cosas que más le debe uno a los libros es que desarrollan la imaginación y el pensamiento. Agrega palabras a la mente y amplía la posibilidad de expresar las ideas.

Y permite, a través de la propia palabra escrita, crear imágenes inesperadas:

“La palabra volaba en el aire. Era sonido primigenio, voz en el viento. Era mensaje, información, susurro, grito que circulaba entre bosques, cuevas y glaciares. 

Viajaba en el éter y moría blandamente en las bocas después de ser pronunciada. Su registro solo quedaba en la memoria del hablante, en la mente del oyente. 

Cierta noche de invierno, reunidas las mujeres y los hombres alrededor de la fogata, ella alzó la mano para hablar. 

Y dijo: 

– Tengo una idea. Inventemos la escritura. Atrapemos la palabra y hagamos para ella una residencia permanente. Que ella atesore nuestros días felices y nuestras horas de dolor. Y cuando nuestras hijas e hijos pregunten quiénes fuimos y qué hicimos, esos signos, testigos nuestros, grabados en madera, arcilla, piedra o muro, contarán nuestros grandes poemas épicos y nuestras pequeñas historias. 

Y así nació la palabra escrita, de la voz de una mujer. Por eso es «la» palabra. Es ella.”

Crédito fotografía: http://www.lensculture.com/viktoria-sorochinski?modal=project-1333569

Publicado por Benjamin

Publicista, escritor. Pasajero de la luz, de la esperanza y a veces de algunas sombras...