Se cansó la palabra

Se cansó la palabra y se escapó de los estrados y de la academia y se fue a meter en medio del barro de las villas de miseria, los pueblos jóvenes, las favelas, los campamentos y las poblaciones callampas. Reventó los almanaques y quiso celebrar todos los santos días el aniversario de los pueblos.

Abandonó los empingorotados discursos, se aburrió de cantarles nanas a los feligreses y se mezcló en el tumulto. Inflamó los corazones abandonados por los siglos y los provocó a la violencia de las asonadas, al escándalo de la revuelta y la rebelión. Llenó las gargantas de los sirvientes eternos y allí mismo agitó el día de la venganza.

Se cansó la palabra de los criptogramas de los señores expertos y las complejidades de la teoría. Le urgía habitar en la calle, en los suburbios, en las ferias libres y los mercados.

Tenía una declaración que hacer y se cansó de que los entendidos en materias públicas siguieran diciendo: “Primero consolidemos”. Y se largó derecho hacia la llama del combate, justo donde quería estar. Sí, pues, quería ser carne, brazo, grito, carrera y urgente clarín de lucha.

Tenía la decidida intención de hacer temblar los zócalos de los edificios institucionales, derribar las puertas de los bastiones del orden, porque ya era hora de desordenar todo y sacudir las conciencias.

Anhelaba que su mensaje se convirtiera en movimiento, en multitud arrebatada, en esperanza cumplida porque ya no había otra.

La palabra, de una vez por todas, quería ser acción. Quería ser verbo y ya no más ingenioso y literario adjetivo.

Era su hora.

(Foto de Guillaume de Germain en Unsplash)

Publicado por Benjamin

Publicista, escritor. Pasajero de la luz, de la esperanza y a veces de algunas sombras...