Vidas hermanas

El clamor y la lucha por la vida humana no puede tener matices o diferencias. Todas las vidas importan. Todas las vidas tienen que estar en nuestra primera linea de defensa. En palabra comprometida y responsable. Y si es del todo posible, en acción directa.

Así y todo, hay vidas que están en un peligro mayor que otras. Son víctimas de poderes mucho más letales que los que se encuentran en los conflictos humanos corrientes. Están en la mira de grandes potencias que buscan guardar sus privilegios, sus intereses económicos, sus territorios conquistados a la fuerza.

En tiempos así abunda el discurso, la elaboración intelectual sobre la vida, de por qué es importante y cómo habría que defenderla. Pero no pocas veces nos sorprende y nos aflige lo alejada que se encuentra esa palabra de la realidad; está a demasiada distancia de los hechos, a más que prudente distancia del peligro. Recuerdo el pasaje de un libro leído varias veces en la vida:

"No le agradaba un novelista que hablaba en términos patéticos de la vida y de la muerte: ‘Ese es uno - decía - que debe tener su biftec asado todos los días’” (Las Islas, Jean Grenier)

Se entiende que no siempre podemos respaldar nuestras palabras con el compromiso, con la participación directa. En tal caso, la palabra debería hacerse cargo de semejante obstáculo y ser temperada, inspiradora, pero nunca arrogante o gratuitamente violenta.

Todas las vidas humanas son vidas hermanas. Este hecho crucial debería estar en la base de nuestro pensamiento y nuestra compasión. Somos diferentes en muchos sentidos, pero iguales en uno solo y que es fundamental: somos humanos. Y eso nos iguala por encima de todo.

La mayoría de nosotros hemos oído aquello de «amar al enemigo». Pero si lo miran bien, no dice que ignoremos que son enemigos. Las razones de la enemistad pueden ser perfectamente válidas. Ni tampoco sugiere que tengamos con él una amistad íntima. En realidad, el sentido de estas palabras es que nunca olvidemos la humanidad que compartimos, la hermandad de la especie.

Podemos seguir luchando legítimamente contra los enemigos, pero nunca deberíamos perder de vista que son de nuestra misma naturaleza, que son vidas humanas, vidas hermanas.

Esa consideración es grandeza, no debilidad.

(Fotografía: Bruce Gilden)

Publicado por Benjamin

Publicista, escritor. Pasajero de la luz, de la esperanza y a veces de algunas sombras...