Postludio incidental

¿Cómo, entre tanta luz, se extiende errante mi crepúsculo, mi zona fantasma? ¿Cómo no la ilumina para siempre una terapéutica certidumbre?

Veterana de convicciones heredadas que desheredó mi pensamiento temerario, no reconoce esa luz. La esquiva sin estridencias ni reclamos, como antes. Admite su validez para vecinos y vecinas, siempre sonrientes y amables.

El tiempo me va otorgando recursos para sobrevivir entre tanta convicción. Voy sabiendo que hay instantes bendecidos donde se tocan (efímeros encuentros) unos puntos coincidentes.

Pero el mar de fondo nada más convoca grandes espacios de silencio, enormes territorios sin diálogos posibles, provincias enteras de interlocutores ausentes.

Asombrado, atónito, perplejo, mudo. La pregunta me conmueve. Mas allá de las respuestas, mar de respuestas, está la inmensa pregunta. Contraviniendo las leyes de la recta razón y los estatutos de la lógica. Me vale el silencio.

El silencio, la mudez reinante deviene paz. Conjura la impaciencia, la neurosis incesante de querer saber. O de pretender saber.

El viento giró en algún momento de la noche. El polvo agitado por el aire cedió al imperativo del frío que se vino esta mañana sin prólogo alguno.

Esos negros nubarrones finalmente no se precipitaron en desfile de gotas o tormentas de Santa Rosa.

Todo quedó como en suspenso. Como aguardando, lo mismo que yo.

La multitud agitada en torno mío. El ir y venir incesante de encargadas y responsables.

Dentro de mí, nada que una taza de té o una sopa de pollo no estén en condiciones de aliviar. No resolver, pero aliviar.

Pequeñas estrellas que acompañan sonrientes mi paso temporario.

Es de noche…

(Del libro «Repertorio Impreciso»)

Publicado por Benjamin

Publicista, escritor. Pasajero de la luz, de la esperanza y a veces de algunas sombras...