De propósitos e intemperies

“Por algo pasan las cosas”, me dice un amigo que acaba de sufrir un contratiempo desagradable en su trabajo. Me lo ha contado con lujo de detalles y su reflexión nos remite a esa idea que existe hace milenios en el imaginario colectivo: lo que nos sucede en la vida tiene un propósito. Ese “por algo” lo conforma, me doy cuenta. Se queda tranquilo; alguna lección va a encontrar en lo que le ha pasado.

La mayoría de la gente tiene esta noción. Lo que sucede en la vida es por alguna razón que descubriremos y hallaremos el propósito. Eso me ha intrigado siempre. ¿Tiene, en sí, el hecho una función pedagógica?

¿Cómo hallar una «enseñanza» en la enfermedad, la muerte, el asesinato, el genocidio, el sufrimiento de los bebés o los niños, la violación y otros males horribles? Y si hubiera un fin, ¿quién o qué lo determinaría?

Algunas personas creen en el destino. La vida está como escrita por alguna fuerza cósmica, un universo que realiza el proyecto de nuestra vida. Por eso tiene sentido que las personas quieran leer su destino en los astros o en las cartas; si está escrito, se puede leer.

Otras personas creen en un plan infinito diseñado por Dios. Y, por tratarse de una mente inteligente, la idea de propósito se hace aún más intensa.

En ambos casos, el propósito abarcaría la vida entera y para que se cumpla a cabalidad, cada cosa que nos pase debe estar orientada a su cumplimiento.

Me parece atroz la idea de un propósito. Porque todo el dolor que ha sufrido la raza humana, toda la sinrazón, la locura total de todos los tiempos sería el resultado de un esquema predeterminado, ciego o intencionado. Estaría, en definitiva, «justificado»

La religión y la cultura popular ofrecen diversas e intrincadas explicaciones para asegurar que igualmente tenemos libre albedrío, que por ahí nos toca la buena suerte. Pero es en vano: si hay plan, si hay determinación previa, no hay libertad y escoger entre una y otra cosa no es más que una ilusión.

Lo que nos muestra la realidad es una intemperie total. Vivimos sin red abajo de nosotros. Hay cosas que nos pasan simplemente porque sí. No es nuestra culpa ni es parte de ningún plan. Es la vida, con todo lo horrible que a veces se muestra.

Y hay otras cosas que nos pasan porque hicimos alguna decisión que precipitó los hechos y entonces no es más que nuestra responsabilidad.

La intemperie, finalmente, se muestra mucho más razonable que la sombría idea de un plan o de una ciega predeterminación: es ecuánime. No hace acepción de personas.

Ilustración: «La niña enferma» (detalle) – Edvard Munch (1885)

Publicado por Benjamin

Publicista, escritor. Pasajero de la luz, de la esperanza y a veces de algunas sombras...

2 comentarios sobre “De propósitos e intemperies

  1. La justificación para no sentir que somos quienes decidimos y causamos ciertas cosas con nuestros actos, es mejor decir que todo tiene un propósito. Seguimos como Adán y Eva, culpando a alguien o algo más de lo que nosotros mismos hacemos y causamos.

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  2. La intemperie mete miedo, por eso inconscientemente buscamos algún techo o cielo protector ( como el inconsciente, en el psicoanálisis, incluso).

    Por ahí, más allá de la dura realidad, las ideas que tomamos, nos formamos o aceptamos actúan como un tranquilizante.

    Saludos.

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